
Entrada realizada por Alberto Ferres Martínez (1ºBCHB)
Júpiter es el quinto planeta del sistema solar. Forma parte de los denominados planetas exteriores o gaseosos. Recibe su nombre del dios romano Júpiter (Zeus en la mitología griega). Júpiter es un cuerpo masivo gaseoso, formado principalmente por hidrógeno y helio, carente de una superficie interior definida. Este planeta exterior es el más grande y el que registra una mayor masa en nuestro Sistema Solar. Ni siquiera sus hermanos pequeños podrían superar la envergadura de este gigante, ya que Júpiter dobla la suma de las masas del resto de planetas que giran en torno al Sol.
La composición de Júpiter se asemeja en muchos aspectos a la del Sol: principalmente hidrógeno y helio. Debido a la presión y a las altas temperaturas, el hidrógeno en estado gaseoso se convierte en líquido, formando el mayor océano que existe en el Sistema Solar: un gran océano de hidrógeno.
Se han registrado nada más y nada menos que 67 lunas en la órbita del planeta. 53 de ellas han sido confirmadas, pero los investigadores de la NASA siguen estudiando las restantes. Con tal cantidad de satélites, se considera que Júpiter cuenta con su propio pequeño sistema solar.Todas ellas son interesantes, pero las 4 descubiertas por Galileo Galilei en 1610 –hecho por el que reciben el nombre de satélites galileanos– son las que más interesan a la comunidad científica, con sus propios datos destacables. Son Ío, Europa, Ganimedes y Calisto. La luna galileana Ío tiene el honor de ser el cuerpo que registra una mayor actividad volcánica en todo el Sistema Solar. Cuenta con más de 400 volcanes activos y un flujo constante de mareas que provocan olas de más de 100 metros de altura.
Los movimientos de rotación y translación de Júpiter son muy diferentes a los de la Tierra. Mientras que un día en Júpiter consta de solo 10 horas, este planeta tarda lo equivalente a 12 años terrestres en dar una vuelta al Sol. Un año en Júpiter es nada más y nada menos que 1.433 días terrestres.
La Gran Mancha Roja fue observada por primera vez en el siglo XVII, esta gigantesca marca de la superficie joviana es la característica más conocida y destacada sobre colorido “cutis” del planeta. Se trata de una especie de tormenta eterna, un remolino que lleva activo cientos de años, girando a 400 kilómetros por hora y en cuyo interior podría caber todo el planeta Tierra.
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